Nuestros Espacios
Cada espacio está pensado para acompañar a los niños según su etapa evolutiva, ofreciéndoles libertad, seguridad y propuestas que despiertan su curiosidad natural.
4 a 18 meses
Un espacio para descubrir el mundo con seguridad
El Nido es el primer ambiente Montessori, pensado para acompañar a los bebés desde aproximadamente los 4 hasta los 18 meses. Es una etapa de enormes transformaciones: pasan de ser completamente dependientes a comenzar a desplazarse, explorar el entorno, comunicarse y dar sus primeros pasos hacia la autonomía.
Durante estos primeros meses de vida, el cerebro del bebé vive uno de los momentos de mayor desarrollo. María Montessori hablaba de la mente absorbente, esa extraordinaria capacidad que tienen los niños para aprender de forma natural, espontánea y sin esfuerzo, simplemente a través de la experiencia y la observación.
Por eso, nuestra labor consiste en preparar un ambiente tranquilo, bello y cuidadosamente pensado, donde cada bebé pueda explorar libremente, siguiendo su propio ritmo y desarrollando todo su potencial.
Nuestro acompañamiento se centra especialmente en tres pilares fundamentales:
En el Nido acompañamos cada pequeño descubrimiento con respeto, calma y confianza, sentando las bases para un desarrollo seguro, autónomo y feliz.
18 meses a 3 años
El comienzo de la autonomía
Entre los 18 meses y los 3 años los niños viven una etapa fascinante. Comienzan a construir su identidad, descubren que pueden hacer las cosas por sí mismos y sienten un enorme deseo de participar activamente en todo lo que ocurre a su alrededor.
En Montessori entendemos este momento como el nacimiento de la autonomía. Por eso ofrecemos un ambiente preparado donde puedan satisfacer esa necesidad natural de independencia en un entorno seguro, respetuoso y adaptado a sus capacidades.
A través de propuestas cuidadosamente diseñadas, los niños desarrollan habilidades fundamentales en diferentes áreas:
Cada actividad responde a una necesidad real del niño y le permite avanzar hacia una mayor independencia, confianza y autoestima.
En esta etapa, el aula se convierte en una auténtica comunidad donde los niños aprenden a convivir, colaborar, respetarse mutuamente y desarrollar las habilidades sociales y emocionales que les acompañarán durante toda su vida.
Nuestro objetivo no es hacer las cosas por ellos, sino ofrecerles las oportunidades necesarias para que descubran todo aquello de lo que son capaces.